SE ACABARON LAS PERDICES


Es la primera vez que me suben en un simulador de vejez. Nunca antes me había acercado tanto a lo que puede sentir alguien cuando su fecha de expiración está cerca.

Pasé frio, un frío interior. Hasta el punto de sentir que estaba escondido, como un espectador de lujo, como alguien privilegiado que asiste a los ensayos de una última función.

Michael Haneke logra empujarme dentro de aquel piso parisino de techo alto donde empieza y acaba la historia.

Están a punto de llegar, un matrimonio ideal, vienen de la Opera, sonríen, se abrazan, aún queda algo de la pasión y sus miradas son de Amour, amor de verdad.

Con su avanzada edad ya tienen todos los deberes hechos y la vida resuelta.

Un ruido.
Una puerta.

Y en ese momento entra en escena la tragedia. Campa a sus anchas por la casa, castiga cada día con un poco menos de vida a ella, con un poco mas de desesperación a él y pisa el cable que conectaba tan bella historia entre los dos.
Quizás la soledad impuesta y obligada sea la peor de las soledades. Ese momento en el que te sueltan la mano y te toca caminar solo, pero el cuerpo ya no responde como antes.

Amour es un paseo agridulce por el final de la vida. Nos toca asistir como si fuera un videojuego, el final de la partida, la última pantalla, donde espera el monstruo más peligroso, con el que es fácil perder.

Aunque todo parezca tan dramático, la película te llena de una tristeza que se transforma en una sensación muy especial y te hace apreciar aún mas la vida. Me viene a la cabeza una frase que Michael Caine dijo una vez: “La vida no es un ensayo, es el espectáculo mismo”.

Amour de Michael Haneke

HANEKE_2012_Amour_official_poster

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HE SIDO AGENTE DE LA CIA MUY POCAS VECES EN MI VIDA


He sido agente de la Cia muy pocas veces en mi vida, creo que casi ninguna. Pero tengo que confesar que no me importaría disfrutar de una jornada completa junto a Saul Berenson (antíguamente conocido como Iñigo Montoya). Pasar la tarde tomando café de máquina y pinchando papeles con chinchetas en un tablón sería un auténtico lujo para mi.

Os cuento por aquí mi adicción a esta serie y vosotros decidís si necesito ayuda o algún antídoto tipo “Ana y los siete” para olvidarme de una trama que te atrapa desde el minuto 1 y te esconde el mando a distancia  durante dos temporadas.

Por más que me pongo tiquismiquis es imposible no arrodillarse delante de cada uno de los personajes que componen una de las mejores series de intriga que se han hecho en mucho tiempo “Homeland”. Han conseguido que mi cena se vuelva a quemar por dos noches consecutivas, ha conseguido que dude de la verdadera identidad de mi mujer y sobre todo consigue convencerte de que el verdadero cine se está haciendo en televisión.

Guionistas encerrados en naves industriales alimentados solamente por ganchitos y risketos logran uno de los mejores argumentos de la historia de la televisión. Una trama llena de trampolines donde saltamos casi siempre a piscinas completamente llena de mentiras ( me encanta el prota Brody, el único personaje de la historia vestido de arriba a abajo de “esto no es lo que parece”). Cuando ya estás a flote y te estás pegando el vacile nadando a mariposa otro trampolin se acerca.

Cada día, cuando bajo a la calle a por mi coche, miro hacia los lados por si algun miembro de Al quaeda me observa desde otro coche. Si esto ocurriera alguna vez, lo mas normal es que me estén esperando para meter su coche en mi aparcamiento, que está en mi barrio fatal lo de aparcar.

He tenido problemas en la panadería cuando me han preguntado: ¿Prefieres baguette o chapata? y he pensado que quizas me están sacando información, porque a lo mejor tengo un pasado oscuro como agente de Circulo de Lectores.

Por eso digo, que como esos millonarios que se pegan un viajito a la luna por unos cuantos de millones de nada, a mí no me importaría pegarme un día con Saul corriendo de un sitio a otro intentando descubrir algún caso, aunque fuese el de ¿Quien engañó a Roger Rabbit?.

De momento me conformo con verlo sentado en mi salón, vestido de camuflaje, con varias granadas en mi mano y oliendo a quemado en la cocina.

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